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Javier Esteban: ‘Claudio Naranjo es único en su capacidad de verse a sí mismo’

Entrevistamos para el blog de la FCN a Javier Esteban, autor del libro 'Claudio Naranjo. La vida y sus enseñanzas' recién publicado por la editorial Kairós. En este diálogo, Esteban habla de su visión de Claudio Naranjo y lo que ha aprendido sobre él en las casi 20 horas que ha pasado entrevistándolo.

El libro ‘Claudio Naranjo. La vida y sus enseñanzas’, editado por Kairós, surgió de una entrevista que Javier Esteban hizo a Claudio Naranjo y en la que se dio cuenta de que no había un dibujo completo que reflejara quién es Naranjo en su totalidad. “Ese es el reto que movió el libro”, explica Esteban, que se denomina a sí mismo como un buscador para quien escribir este texto ha supuesto cerrar una etapa de su vida relacionada con la integración de la figura de su padre. “Yo descontruí a mi padre para construir uno nuevo y ahí Claudio ha tenido mucho que ver”, detalla en esta conversación para la web de la FCN este profesor de la Universidad Camilo José Cela, periodista apasionado por las entrevistas y ahora inmerso en el trabajo con los sueños a través de las terapias grupales, donde intenta integrar todo lo aprendido hasta el momento.

PREGUNTA.— ¿Cómo nace este libro?

RESPUESTA.— En 2008 entrevisté a Claudio Naranjo para mi publicación Generación 21, que era cultural y gratuita. En esta entrevista tuve la impresión de que aquello se iba a repetir, así que me puse a estudiar quién era y descubrí que no era sólo un pedadogo. Descubrí todo su trabajo en la terapia, en la personalidad. Preparé como pude la entrevista porque era difícil hacer un dibujo completo de Claudio, y de eso me di cuenta desde el primer momento. Luego solicité otra entrevista para el capítulo piloto de una serie de televisión que se iba a llamar ‘La mirada de los maestros’. Me pregunté quién podría ser un maestro de vida y volví a grabarle. Ahí tuve dos horas y media de entrevista y pude estudiar a Claudio más profundamente. Al acabar Claudio me dedicó un libro y me dijo que le había hecho la mejor entrevista que nadie le ha había nunca. Luego me pidió una ponencia sobre su trabajo con la espiritualidad. Y le hice una entrevista sobre lo que le pasó en Arica [allí permaneció seis meses retirado en el desierto] y ahí me di cuenta de verdad de quien era Claudio Naranjo. Hice la ponencia y acudí a un curso de meditación que él hacía, y fui profundizando en la imagen de Claudio. Me di cuenta de que se trataba siempre a Claudio de un modo sectorial y se hablaba de su trabajo con el eneagrama, la meditación, el chamanismo, los enteógenos… Pero no había una imagen global de Claudio y este fue el reto que movió el libro: ser capaz de abarcar en una obra quién es Claudio Naranjo.

P.— ¿Cómo fue la elaboración de este libro?

R.—  Yo soy una persona muy curiosa. En el periodismo he ejercido mucho la entrevista y el libro está hecho en forma de entrevista. Claudio Naranjo es un maestro tan rico que en él se va entrando poco a poco. Yo no lo conozco bien, si hubiera sido una persona de su círculo no podría haber hecho el libro porque daría muchas cosas por sabidas. Claudio, por su personalidad, le cuesta dar y me puso dos condiciones para escribir el libro: una que lo publicara otra editorial que no fuera la suya [La Llave] porque así se rompía la endogamia y otra que lo hiciera desde la mirada de alguien que no lo conoce. Así que he intentado hacer las preguntas como alguien que no conoce a Claudio para que gente que no conozca a Claudio se acerque a él.

P.— ¿Cuántas horas de conversación con él recoge este libro?

R.— Unas 17 horas de conversaciones realizadas desde 2008 y más de la mitad de ellas durante 2013 y 2014. El proceso para realizarlo es complejo, es muy profundo, poliédrico. Y a eso hay que unirle que es muy difícil tener tiempo para trabajar con él. Las entrevistas en persona estaban hechas ya al empezar el libro y he acudido al Skype para hacer el resto. Ahí es curioso porque por Skype te acerca mucho al discurso. Estás viendo por la oreja y no estás tan pendiente de la presencia. El proceso de elaboración es complejo porque Claudio da las entrevistas cuando puede y desde donde puede. El lenguaje de Claudio es muy rico, casi cervantino, en el sentido de que las frases nunca acaban, usa mucho las subordinadas y esto es muy difícil de trasladar al papel. Puntúa hablando con mucha coma y con mucho punto y coma. El trabajo de edición es bastante complejo. Hubiera sido más fácil hacer un ensayo. Como anécdota, hay veces que corregía la sintaxis y había un párrafo de cinco líneas y decía “madre esto no se va a entender bien”. Cuando él lo veía reescribía la frase original, tal y como la había dicho. Yo creo que he simplificado algo su manera de expresarse, que nunca es la misma oral que escrita y él ha cedido un poco en esto. Tiene ese punto de equilibrio que lo hace asequible a ese público no tan especializado.

P.— Habla de un proceso complejo. ¿Dónde ha radicado con exactitud la complejidad del proceso?

R.— A él le ha costado hacer este libro por eso que él dice de que no confía en toda su potencia y que le falta un poco de confianza en que pueda ser interesante lo que hace. Claudio tiene un poco esa carencia y, a veces, él pensaba que el libro no sería útil. La primera entrevista es neutra en ese sentido. Y en la segunda entrevista él descubre que conmigo puede confesarse, como un viejo filósofo que puede contarle su vida a alguien que es más joven. Creo que eso ha sido importante. Al mismo tiempo, él ha tenido crisis con este libro. Hubo un momento en el que desconectó, se paró el ritmo de elaboración y le costó dar las entrevistas, hasta que me escribió y me dijo que quería seguir. Claudio tuvo su propia lucha en contar su vida pero a la vez sintió cierto placer por relatar todo esto. También había un límite porque él está escribiendo su propia autobiografía y este libro, siendo psicobiográfico, no podía duplicar asuntos que va a tratar en su autobiografía, que será más profunda aunque no tendrá el contraste que supone hablar con una persona, como sucede con una entrevista. Y ahí nos hemos movido. Creo que este libro, de algún modo, le va a servir para lanzar su autobiografía.

P.— ¿Cómo es en realidad Claudio Naranjo?

R.— No es un personaje fácil. El libro trata del monotema, aquello que decía Joyce, que lo copia Joseph Campbell, que es el viaje de un alma que viene al mundo y retorna. Claudio se encarna en un niño que tiene unas carencias relacionadas con la pobreza del vínculo materno, pero también con una referencia pobre de afecto del padre. Esa carencia se va completando con este trabajo de Hércules que tenemos todos de completar nuestra personalidad. Y jugando con el elemento favorable de los dioses, de ser un privilegiado, aunque él no se ha sentido como tal. El Claudio de la adolescencia es un curioso que ya ha tenido experiencias de éxtasis, a las que busca explicación en la ciencia. Sin embargo, lo que busca lo encontrará en la exploración del alma. Y caer en el epicentro de la contracultura, en Berkeley, hace que entre en contacto con las sustancias, que van a ser unas aliadas en su vida, y va a encontrar a alguien que le ayudará mucho que es Óscar Ichazo. Ocurre lo que ocurre en Arica, con esa iniciación, y durante algún tiempo es invitado a los cielos, y luego, como en el viaje arquetípico, pierde la gracia y comienza su trabajo de verdad que es volver a la tierra, para entendernos metafóricamente.

P.— ¿Qué sucede ahí cuando él pierde la gracia?

R.— En el segundo o tercer año después de crear el SAT, él pierde la gracia, y ya tiene que subir a pie por la escalera de la vida en lugar de en ascensor. Es muy curioso porque cuando Óscar Ichazo [inicia a Naranjo en el eneagrama] lo invita a Arica, fallece su maestro Fritz Perls, y decide ir al funeral de Perls y mientras está en ese viaje se produce el accidente de su hijo, en el que fallece. Yo creo que la pérdida del hijo hará que él sea capaz de transformar ese dolor en amor y en capacidad de recibir y aceptar, y a partir de ahí se produce su gran crecimiento. Un tiempo después pierde la gracia, la experiencia de Arica que da lugar al SAT se difumina y tendrá que hacer su trabajo en la tierra. Aunque seamos invitados al éxtasis estamos en la tierra y desde ahí es desde donde es capaz de devolver al mundo lo que se le ha dado. Ése es su trabajo desde los 40-45 años. Se va a dar cuenta de que no son tan importantes las grandes introspectivas desde uno mismo sino que lo importante es ser capaz de dar a los demás, y desde ahí surge su interés por la educación, que es lo que se valora para la candidatura al Premio Nobel. Es un personaje tan rico que donde entra se pone enseguida a la cabeza, como con la gestalt, el eneagrama... Hay muchos gestaltistas pero él está a la cabeza y quien construye un mapa para la personalidad es él.

P.— ¿Y si tuviera que definir a Naranjo en unas pocas palabras?

R.— Me gustaría mandártelo por escrito, pero va a perder naturalidad la cosa (risas). Es un niño herido que se desarrolla como si se convirtiera en erizo de tierra para defenderse del mundo, un erizo simpático, que se cierra en sí mismo y es capaz de abrirse en una búsqueda superior a él y luego de algún modo recibe un gran regalo. Es el niño herido que recibe un gran regalo y tiene que compartirlo con los demás sin dejar de luchar toda su vida por superar la carencia que tiene de pequeño. Es una personalidad que desde la sensibilidad y desde la carencia da mucho a los demás y esta es su grandeza. Lo curioso es que una persona como Claudio no sea más conocida. Creo que ha estado tan ensimismado en sus trabajos que no se ha preocupado  de cómo lo veían, sólo recientemente.

P.— ¿Habla en el libro sobre su sombra?

R.— Tocamos temas como su relación con la fama, lo que él piensa que es obra suya y no, el destino y los peligros del ego espiritual. Esta parte del libro es muy interesante por cómo se analiza él mismo. Tiene una gran perspectiva de autocrítica, de verse las partes oscuras. Me ha sorprendido porque habla de sí sin tapujos y le puedes preguntar de cualquier cosa, desde su primera masturbación hasta la relación con sus discípulos como maestro. Es muy curiosa su capacidad de verse a sí mismo. En esto es único.

P.— En la vida de Naranjo hay una serie de personajes determinantes, como son el escultor Totila Albert; el padre de la Gestalt, Fritz Perls; el ya mencionado Óscar Ichazo o el lama Tarthang Tulku. Tras hacer esta psicobiografía, ¿quién cree que ha sido más determinante para que Naranjo sea quien es?

R.— En la vida, más que causas hay concausas, es decir, algo que junto con otra cosa tiene un efecto. Hay personas con las que hacemos espejos, no es que haya uno que lo determine todo. Así que si obráramos de un modo contrario y quitáramos la influencia de cada uno para ver qué resulta, Claudio se queda cojo, porque sin cualquiera de las cuatro, sería alguién muy distinto. Pero, creo que la figura más relevante en cuanto a la formación de la personalidad de Claudio Naranjo es Totila Albert. En su formación el que de algún modo lo hace más completo va a ser Óscar Ichazo al cual, por cierto, Claudio quizás reconozca menos que a los demás por las sombras de Ichazo y por como lo trató. Es muy visible la influencia de Perls, sentimentalmente. Y la relación con Ichazo es un poco esotérica. De esto también trata el libro. En la meditación hay una gran influencia de su maestro Tarthang Tulku pero es difícil decir gracias a él ha conseguido tal o cual cosa, pero en el caso de Perls es muy evidente. Ichazo, quien también inició a Alejandro Jodorowsky, es un misterio realmente, y que esté detrás de ambos personajes, me parece sorprendente. Aunque su madre es quien ha influido más en Claudio, porque en el vínculo con la madre está el origen de la carencia, y tiene una relación con ella que se va a dar toda su vida, porque es quien le da fuerza para montar los primeros grupos terapéuticos.

P.— ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de lo que ha descubierto sobre Claudio Naranjo a través de su diálogo con él?

R.— La capacidad que ha tenido para verse a sí mismo, el trabajo sobre su propia personalidad, la coherencia. Posiblemente al lector le sorprenda más lo que sucedió en el desierto de Arica, pero a mí me ha sorprendido más su carencia de pudor, su capacidad de verse. Y cómo ha transformado una carencia afectiva en una búsqueda sin límites. A él le ha dado por conocerse, por transformarse y por entregarse al mundo a través del SAT y de todo lo que hace. Me ha llamado la atención mucho su relación con lo femenino, con su madre y con sus parejas, que también se trata en el libro.

P.— ¿Qué cree que tienen las enseñanzas de Claudio Naranjo que aportar a la sociedad de hoy en día?

R.— Hay un retorno a Rousseau. No sólo está inspirado por Rousseau sino que en algún modo lo reinventa. Hay un punto de ingenuidad social que parte de la esencia de lo bueno que tiene la persona. Lo que Claudio llama el buda interior de cada uno y se pone de manifiesto al defender una alimentación distinta que alimente esta parte del hombre y que permita un cambio del mundo. Esto es una herencia muy importante de Claudio, su visión de la sociedad, del carácter y la posibilidad de desarrollar un mundo mejor. Ha unido la necesidad de sanar a la persona y a la sociedad de Occidente con la meditación y con Oriente. Y de ahí que se le esté empezando a reconocer y que se le vea en conjunto. Lo que intento con este libro es que se empiece a ver esto de un solo golpe.

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Comentarios

Carlos

24 Diciembre 2015 - RESPONDER

Que ganas de leer el libro. Saludos desde el sur de Chile. :)
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