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Manifiesto Urgente: Sostener la educación que hace al mundo insostenible

¡MANIFIESTO URGENTE!

Solo con la transformación individual se puede conseguir una masa crítica capaz de un cambio social. (Claudio Naranjo)

Sostener la educación que hace el mundo insostenible

Impulsados/as por la emergencia sanitaria en la que nos hemos visto inmersas en los últimos meses a nivel casi planetario, nos hemos estado reuniendo alrededor de cuatrocientas personas de diferentes países relacionadas con el mundo de la educación, convocadas por el Área de Educación Integradora de la Fundación Claudio Naranjo.

A estos encuentros hemos acudido maestros, profesoras, madres, padres, equipos directivos, acompañantes de escuelas libres (viva o activa) y cualquier persona adulta que se haya querido sumar a la preocupación por el papel de la educación y del acompañamiento a la infancia y adolescencia en estos tiempos críticos.

Hemos tenido la oportunidad de reflexionar y debatir tanto la situación del sistema educativo actual como la respuesta del mismo en relación con la pandemia y las necesidades de la sociedad durante el confinamiento global, pasándolo todo por el tamiz de nuestra experiencia.

 

Resumimos en los siguientes puntos nuestras primeras conclusiones:

1. La crisis del coronavirus nos ha hecho ver en una especie de realidad aumentada las deficiencias y contradicciones del sistema educativo, que, por supuesto, ya existían y padecíamos millones de niños, niñas, docentes y familias de todo el planeta.

2. La educación, con carácter general, se sustenta en un compendio, a menudo obsoleto, de saberes enlatados, secuenciados y fragmentados en disciplinas que poco tienen que ver con la vida y poco aportan al desarrollo de la persona como tal o a la construcción de un mundo más igualitario y consciente. Creemos que corresponde a la escuela el trabajo de ampliar la consciencia y orientarnos en la búsqueda hacia el sentido de la existencia, a pesar de que esto no se contempla en ningún plan académico.

3. La adquisición de conocimientos es prácticamente el único objetivo de currículos, programas y leyes educativas de todo el planeta, y para ello se invierten dineros y esfuerzos infinitos, aunque hoy por hoy resultan accesibles para cualquiera a un golpe de clic.

4. Los contenidos impartidos, desde la escuela primaria hasta el final de la escolarización, se han revelado irrelevantes e inservibles ante una situación de crisis como la que hemos vivido. Si pensamos que el mundo ya estaba en crisis antes, se hace más urgente, si cabe, plantearse para qué educamos.

5. Asomarnos a las casas de nuestros alumnos y alumnas a través de la pantalla nos ha acercado también a realidades que se ignoran o se obvian desde un sistema educativo que, por más que se escriba en los papeles, no consigue compensar las desigualdades sociales.

6. El derecho a la educación se ha ido convirtiendo en las últimas décadas en una obligación asfixiante que acaba por entrar en contradicción con los derechos fundamentales de la infancia.

7. La relación entre docentes y alumnos/as se basa en esta obligación disfrazada de derecho y se sostiene por medio de tareas, exámenes y evaluaciones en una especie de transacción puramente mercantil.

8. Aunque niños/as y jóvenes han estado expuestos a una presión extrema con el confinamiento, el miedo y la incertidumbre flotando a su alrededor, se les ha seguido sometiendo a un proceso de trabajo y evaluación -por vía digital- en un afán de proseguir con una supuesta normalidad en el marco de un espíritu productivo. El protagonismo desmesurado que han adquirido las tareas como medio de relación entre docentes y alumnos/as, entre familias y docentes y entre padres, madres e hijos/as nos habla asimismo de la precariedad de nuestros vínculos.

9. La escuela ha supuesto, en la mayoría de casos, un factor de estrés y agobio para las familias durante este periodo, a través de tareas, videollamadas, trámites online... (Ya lo estaba siendo hace mucho con las horas de deberes fuera del horario escolar).

10. Se revela una carencia en la formación de las personas educadoras en cuanto al desarrollo de las competencias existenciales que nos permitan, desde un autoconocimiento transformador, cultivar el ser y acompañar a las distintas personas que conforman nuestras comunidades educativas.

11. La dificultad de parar y repensar nuestros hábitos en la relación educativa manifiesta la resistencia del sistema educativo y de quienes lo conformamos para adaptarnos a lo que la sociedad reclama o necesita en cada momento.

12. Ni atendemos, por tanto, el mundo emocional de los/as alumnos/as, ni nos paramos tampoco a sentir el nuestro, con un descuido absoluto hacia nosotras mismas como personas sintientes en un mundo que brama de dolor, asfixia y contaminación.

13. Tanto las personas educadoras, como madres y padres... acabamos acatando las instrucciones y respondiendo a las diferentes tareas sin cuestionar en ningún momento las consecuencias que esto está teniendo en nosotras y en las niñas y niños: tensión, frustración, agotamiento, estrés, crispación, insomnio, ansiedad…

14. No tenemos espacios de comunicación y expresión en nuestros centros educativos, ni para los profesionales ni para las familias ni para el alumnado. Esto favorece una cultura de esclavitud silenciosa y autoimpuesta: si todos pueden, yo también puedo, si todos lo hacen por qué no lo voy a hacer yo…

15. En este neurótico empeño por no quedarse fuera, trabajamos solas, solos… sin expresarnos ni compartirnos, arrastrando la soledad y el constante sentimiento de inadecuación, en un forzado individualismo que sirve al sistema patriarcal.

16. Así es nuestro día a día, así vamos construyendo las vidas y así nos mostramos también ante nuestros hijos, alumnas, adolescentes… Este virus de la productividad, la obsesión por la pertenencia, la actividad frenética, el ritmo incansable y la desconexión de nuestras auténticas necesidades es el que contagiamos en las aulas, en las calles y en los hogares.

17. Este es el virus que realmente enferma al mundo y a todos los seres que lo habitamos: el virus de la inconsciencia.

18. El sistema parece no poder parar, pero yo, como pieza del sistema, puedo detenerme. Puedo detenerme si no quiero seguir sosteniendo esta educación que hace el mundo insostenible.

Área Educación Integradora de la Fundación Claudio Naranjo.

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